A veces resulta que todo no era más que una tontería, que "qué ciega ha estado una", que "has visto como no era tan difícil", a veces el asunto fluye y "no hay que darle más importancia de la que tiene". Que las cosas pueden reorganizarse solas, que las etiquetas, más que etiquetas son marcapáginas y ubicar es jugar a los ping&pong. En ocasiones, con tres letras en el Scrabble a una se le ocurre una genialidad y, aunque casi nadie pueda darla por válida, es una genialidad.
Que levanten la mano o la tapa del ataúd aquellos artistas a los que hayan comprendido en su época.
¿Qué ocurriría si reuniera a todos mis ídolos musicales en una misma sala? ¿Y a todos mis escritores, vivos y muertos? No sé cómo San Camilo miraría a Pratchett o qué pensaría Ella Fitzgerald de Canteca de Macao. Los habría comedidos que terminarían por adaptarse a la situación, estoy convencida, no creo que Villa-Matas me diera problemas, podría hablar con todos, como Marlango, que se me hacen tan asertivos como sociables por aquello de que todavía están aprendiendo a comportarse en público.
A los músicos los encerraría – 15 a lo sumo, tampoco tengo más – en una sala con instrumentos, bebidas alcohólicas y micrófonos en los jarrones, que no sólo es interesante la música que de allí podría salir. A los escritores les colocaría Coca-colas, brandys, pinchos de tortilla española y una mesa de roble, de las que están bien pulidas y las cartas del tute resbalan con elegancia, donde el Ulises caería a plomo y el rollizo Mulligan haría el silencio. Y a ver qué pasaba después.
Quizá con suerte alguien entendería el chiste, quizá alguno se percatara de que lo único que les separaría de ser llamados “una jauría de intelectualoides desnivelados” no sería su propio arte, sino lo que su arte consigue, que es inspirarme, todo sea dicho. Me fallarían, como me falla Trinidad y Tobago en los mundiales de fútbol, aquellos que no fueran capaces de ver más allá de las célebres calvas y sus retruécanos verbosos, ensimismados algunos, que no todos, con el YO poético que tanto han trabajado.
Vuelve y deja que te cuente mis teorías sobre cuando tú no estás, en el monstruo horrible y escurridizo en el que me convierto cuando pienso en ti demasiado tiempo. No voy a contarte toda la verdad y nada más que la verdad, porque la mentira me hace humana, pero dejaré de inventarla, empezaré a devolverte nosés a cada respuesta en falso que no sepa darte con palabras vanas.
Las cartas desde Iwo Jima pierden poco a poco su fuerza poética y la literatura está empezando a encogerme en los zapatos. Confiaba en la abstracción de tu cubismo y mi surrealismo manierista para cartearnos con la deferencia artística del descabello más humano, donde una palabra junto con otra pudieran ser mil cosas y ninguna a la vez, donde lo que se dijera pudiera ser un cubo de Rubick de ilógica solución.
Siento las formas, no tengo otras, me he aferrado a la sinrazón de esto que tenemos y ahora no sé tomar la salida, ni la buena ni la mala. Dejaré crecerme dentro la semilla negra del olvido con rencor.
Prometo ser tan feliz en mi vida como mi perfil de tuenti pueda aparentar. Intentaré que mis historias se resuman sólo en millones de fotos sonriendo con millones de personas que sonríen a su vez. Y que no haya más. Que la enfermedad, la muerte, la pobreza del fin de mes, las decepciones, las despedidas, las malas noticias no tendrán cabida en este rincón.
Mi perfil también luchará por ser enfermizamente más alegre y estiloso que el del vecino; anunciaré a bombo y platillo que mi perro ha crecido medio centímetro mediante eventos, pero nadie sabrá que me he licenciado. En mis fotos jamás saldrá una lágrima o una mala cara, sólo cenas, borracheras, viajes y bailes - para que parezca que es lo único que ocurre en mi vida -, no colgaré llantos, tristezas, enfados o ansiedades.
Porque soy sólo y sólamente lo que mi tuenti dice de mí, en mi día a día nunca ocurrirá nada que no pueda comentarse por aquí. Y mejor cuantos más de vosotros decidáis participar en este circo de trivializaciones y escaparates sin trastiendas, así será más creíble, más real, más verídico que nadie ni de mi alrededor ni yo misma tenemos problemas y que vivo una vida tuenti donde la amistad cabe en un número entre paréntesis, las fotos son en exclusiva en las que YO salga bien - que les jodan a los demás y que se desetiqueten -, mis aficiones un recuadro a la izquierda y mi tablón un lugar donde todo el mundo pueda decir lo fantástico que es conocerme.
Lo que soy, lo soy en silencio. No suele ser a menudo, pero hay días, horas que necesito pasar en el más estricto silencio porque hay sonidos del ambiente que no quiero perderme, que a veces me pasan desapercibidos: el tacto de la piel, la respiración de mi perro al dormir, a mi padre cantando "Cantinero de Cuba" desde el fondo de su habitación. Es entonces cuando la vida me merece la pena.
Desde que mi madre dejó de fumar los ceniceros en mi casa sólo son decorativos. Siempre me he preguntado por qué nunca empecé a fumar a la edad natural, a los 12 años cuando era lo socialmente admitido. He creado millones de teorías ad hoc para darle sentido, siempre al hilo de la conversación del momento. Lo cierto es que el acto en sí casi me parece poético, desde fuera claro, a los ojos de algún director de cine que se moleste en dedicarle dos o tres fotogramas al asunto. Desde dentro no, desde dentro, cuando alguien me fuma un cigarro en la cara, me da asco. Simplemente.
Horas de vacío para pensar en nada y ponerlo por escrito.
Con sumo cuidado siempre, no sea que se me escurriera alguna opinión que no fuera a ser de tu agrado, de las que te exaltan, te enervan, te encienden, te descomponen, de alteran, te sacan de quicio, te envalentonan y te violentan, hora sí, hora también, a lo que no sé enfrentarme, que no quiero, vaya, porque me siento estúpida, porque para mí no es trascendental lo que un cualquiera opina del SIDA, porque para mí lo que trasciende son los modos y maneras, el absolutismo y la tiranía de los argumentos regurgitados ya por los catedráticos del mal de la calle, por tantas canciones y tan malas, por muchos, demasiados, antes que tú.
Que aquí opina hasta el Papa si quiere, y si no quiere también, que lo católico es estar informado y opinado, requeteopinado mejor si se puede, y prevalecer y revalidar lo que uno lleva pensando como buen feligrés, con la pasión y la fe requeridas, durante siglos, ¿qué no habrá escuchado el púlpito papal en la plaza esta tan famosa?. Y al pobrecito laico que levanta la mano y el corazón del sursuncorda entonando el meaculpa del desconocimiento, a ése, hierro y potro, por hereje, por judío, por nazi, por rojo, por heterodoxo, qué más da, por nos aber jugar al juego de opinar con fervor, por no sentar cátedra al hablar, por opinar con humildad y misericordia, que luego la Santa Inquisición de la pedantería sin biblioteca viene con las rebajas y los fuegos revueltos donde quemar a los traidores que, pobrecitos míos, alguna vez opinaron sin contar con tu aprobación episcopal.
Lleva muchos días persiguiéndome este texto allá a donde voy, en el tren, en el metro, por las paredes... así que lo traigo al hocino, que permanezca aquí impasible a las menudencias que el tiempo deja en las páginas de papel. Él, Francisco Umbral, por haber grabado a fuego un párrafo:
Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más.
Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, este mediodía con risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleados y campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de la primavera?
El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo bajo un viento banal sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar.
Me he pasado el día sola. Por la mañana mirando manuscritos bizantinos en mi casa y por la tarde, tren. Hoy me he dado cuenta de que yo sería un poco más normal si no pasara tres horas y media a diario sentada en un vagón. Me hace relativizarlo todo, inlcuso el tiempo, que RENFE estira, contrae, aplasta, riza, gira, moldea y retuerce con tanta maestría, parece como si los minutos también fueran de su propiedad, todos suyos, escritos en verde en los paneles informativos de cada vía, hacen ostenciación pública mientras los demás esperamos un rato largo (¿cómo saber cuánto si no lo dicen ellos?) a que GUADALAJARA 3 min se convierta en GUADALAJARA 2 min. El tren casi me ha enseñado a esperar, lo ha intentado, podría haber leído entre líneas la metáfora de "no va a llegar antes sólo porque tú quieras", pero sigo impacientándome por llegar a Chamartín, a Cantoblanco o a cualquier otra parte.
Me he cruzado con mi abuelo en la estación de tren, antes de ir a la complutense. Lo quiero muchísimo y me he dado cuenta hoy. Es el único en mi familia realmente orgulloso de que yo estudie filología clásica. El resto de mi complicada historia universitaria la conoces bien.
Lo peor de hoy ha sido la ceniza, sin duda alguna. Desde que he montado en Azuqueca, hasta que he llegado a mi casa me sentía gris opaco y a mitad del trayecto me he dado cuenta de que estaba escuchando Tom Waits, quizá haya sido culpa suya, pero me ha inspirado tantas veces para escribir que prefiero no culpar de nada al pobrecitomíoquenohacemalanadie.
En clase mal, muy mal. Otra vez esa sensación de que yo no pertenezco a este mundo o a este lugar o a este momento. Hablando con los compañeros, parece ser que todo el mundo tiene argumentos razonables e ideas razonadas sobre casi cualquier tema, por mi parte yo sólo tengo sensación enfrentadas, nociones básicas y gustos estrambóticos por definir. Creo, sinceramente, que no tengo una opinión formada sobre la tauromaquia y me ha dado pereza construirla en el tren de vuelta. ¿Por qué clásicas? para no acumular fascículos de Planeta deAgostini en pequeñas montañitas de fracaso personal. Y por mil cosas más, claro. Por inevitabilidad histórica: porque yo no sería yo si no estudiara clásicas; porque podría haber sido cualquier otra persona, porque puedo serlo cuando quiera.
Vengo al hocino con las confesiones de medianoche, esas verdades a medias rodeadas de misterio que se cuentan al primer cualquiera que se sienta en la barra del bar a compartir un whiskey de reproches, reproches a la mujer, al jefe, a la Navidad, a la vida misma que se queda en la puerta para volver a rodearte con el brazo por encima del hombro de camino a casa.
Yo lo he hecho. Otra vez. Otra vez contando demasiadas historietas donde el malo soy yo misma, o el destino, si se cree en él. Pero sin bar, sin whiskey, sin espectador y casi sin conciencia. Derrochando desmesura en la tragicomedia de cada anécdota.
¿Y todo para qué? para arrepentirme al día siguiente de haber hablado tanto de todo y de mí y de vuelta a mis rincones a sentirme gilipollas. No doy respiro a mi tetera, té tras té, arañando con la cuchara mi fiel taza de Starbucks, derrotada, pobrecita ella, de escuchar tanta idea estúpida, de responder con quieto silencio a preguntas fatídicas y agoreras del tipo "¿qué pasaría si yo..?". Porque la duda es de piel y hueso, la duda está aquí delante de mí.
Pero no es posible, ni siquiera real. Ya va siendo hora de que a mis 22 años empiece a diferenciar la verdad de la ficción, de que sepa que mis manías son reales aunque parezcan de chiste, aunque me sienta cómoda hablando de ellas, que no sé encender mecheros de ruleta ni esperar a alguien que se retrasa, que me toco el pelo cuando bebo agua, que tengo que cerrar todas las puertas y doblar bien todas las esquinas de papel. Son más reales que graciosas, aunque no sea consciente de ello.
Me ha llevado muchas horas construir este castillo en las nubes donde esconder los sentimientos, que en realidad ya han empezado a existir. Me subiré con la tetera a mirar el mundo desde arriba, a esperarte, a esperar el día en el que al pensar en ti no se me enciendan las mejillas. Se pasará, antes o después, y dejaré de sentirme ridícula por el simple hecho de cruzarme contigo en cualquier bar, en cualquier whiskey.
Por lo que podría haber sido y nunca será. Por todo lo que ya te he contado fuera del horario de visitas, por todos los insignificantes pecados que pienso cada vez que hablo contigo. Por las pequeñeces que nunca tendrán mayor importancia.
'Dear, dear! How queer everything is today! And yesterday things went on just as usual. I wonder if I've been changed in the night? Let me think: was I the same when I got up this morning? I almost think I can remember a little diference. But if I'm not the same, the next question is, "Who in the world am I?" Ah, that's the great puzzle!' And she began thinking over all the children she knew that were of the same age as herself, to see if she could have been changed for any of them.'I'm sure I'm not Ada' she said, 'for her hair goes in such long ringlets, and mine doesn´t go in ringlets at all; and I'm sure I can´t be Mabel, for I know all sorts of things, and she, oh! she knows such a very little! Besides, she's she, and I'm I, - oh dear, how puzzling it all is! I'll try if I know all the things I used to know. [...]
'I'm sure those are not the rights words', said poor Alice, and her eyes filled with tears again as she went on, 'I must be Mabel after all, and I shall have to go and live in that poky little house, and have next to no toys to play with, and oh! ever so many lessons to learn! no, I've made up my mind about it; If I'm Mabel, I'll stay down here! It'll be no use their putting their heads down and saying "Come up again, dear!" I shall only look up and say "Who am I then? Tell me that first, and then, if I like being that person, I'll come up: if not, I'll stay down here till I'm somebody else"
A nuestra izquierda, la autovía de Barcelona zumbaba a todas horas como una jaula de grillos mecánicos, pero entre la valla que delimita nuestras posesiones y la que señalaba los dominios de la autopista, se habían quedado atrapadas algunas casitas bajas que el Ministerio de Obras Públicas, por alguna desconocida razón, había renunciado a expropiar en su momento.
Pequeñas, chatas, encaladas, con sus arbolillos raquíticos y sus rosales infectadospor el perpetuo azote del humo que derrochan los tubos de escape en la articulada pero infinita elipse que dibuja el tráfico entre Madrid y el aeropuerto, parecían ya un vestigio arqueológico catalogado y protegido, una reliquia intencionada, cuidadosamente preservada para enseñar a las generaciones futuras cómo se vivía en este país cuando la distancia entre la pobreza y la opulencia - una resta tan exigua que una sola generación ha llegado a conocerlas casi a la vez - ya no pueda producirles vértigo.
A mí me gustaban aquellas casas, me gustaba verlas desde cualquier gigantesco ventanal de nuestro edificio inteligente, me gustaba saber que estaban ahí, resistiendo imperturbables a la especulación y a la síntesis de tantos materiales inefables, contribuyendo con su heroica modestia a la gran paradoja del siglo que viene, cuando esta ciudad malquerida, maltratada, maltrecha, se convertirá sin duda, gracias a tanto descuido, a tando desamor, a tantos crímenes de la razón y a la insospechada fortaleza de su carácter, en el más exhaustivo y monumental catálogo de la arquitectura urbana del siglo pasado, el nuestro, porque casi nada de lo que se haya podido destruir para construir encima, ha dejado casi nunca de destruirse aquí, y la piel de las ciudades envejece también, como la de sus hijos, pero el tiempo posa sobre sus poros de piedra, de cristal, de cemento, una patina brillante y bella, dorada, tensa, tan inexorable su poder como el que ahonda los surcos que el mismo tiempo abre sin piedad en las esquinas de nuestros labios, de nuestros ojos, de nuestra frente. Madrid es una resistente nata.
Y a todo esto, tú. Por todas partes, desparramado y desordenado. Lo que mire, lo que piense, incluso cuando no pienso en nada y dejo la mente en blanco para mirar por la ventana, ahí vuelves tú, como una transparencia diminuta en las olas de vacío que mueven el aire de habitación. Cerrando la puerta por si te escapas.
Hace tiempo sé que creí en el amor, en el amor adolescente de primera juventud. Con el tiempo en el desamor, por encima de todas las cosas. Causa y consecuencia. ¡Cuántas veces después no lo confundí con el sexo baladí! Renuncié a todo esfuerzo de conocer y dejarme conocer, con la misma esperanza de futuro que alberga el peor de los miserables. Vagar como otra sombra gris por debajo de los rascacielos de la capital, escuchando a algún solitario tocar la trompeta y con novelas agrias de Paul Auster cerca del corazón derecho.
Mírame ahora, miedo a que este cuento de hadas postmoderno se deshaga como se deshicieron antes de ti las fábulas griegas de medio pelo, de las que no aprendí moraleja alguna; a que se vayan por la puerta grande, pañuelo en mano, las conversaciones interminables, el calor humano, las doce horas como doce minutos, el sexo compartido y los domingos por la tarde.
La lexicofobia sólo es uno más de los terrores: si lo nombro, aparecerá, se hará realidad. Después de la lateralidad y la cronología, es mi gran problema, la realia no siempre coincide con lo que yo creo ver en el espejo y ahora, aunque haya una niña gorda de 14 años gritando desde el fondo, está desenfocada, en plano americano apareces tú, sonriéndome y abrazándome con la mirada. Día sí, día también. En mi espejo. En el de mi baño rosa. A las 7 de la mañana. Antes de todas las dudas. Antes de empezar a ser yo. Antes de ceder el sueño a la luz de la mañana. Siempre antes, siempre. Siempre a vueltas con la misma pregunta de todos los días: "si esto no lo es, ¿qué coño es, entonces, el amor?"
Con la cabeza sumergida en agua, el ajetreo de tareas postergadas es sólo una música de fondo. ¿Quién no ha querido nunca nadar en su propia taza de té? Imaginar el calor por el calor mientras fuera hace frío invernal y las conciencias, diluyéndose con el azúcar, bailan al son de la cuchara, le bailan el agua a la cretina sin acento que en el salón se toca un tango medio francés.
Hoy he probado el mar, la mar. La inmensidad de las horas en el silencio atronador - los dedos tapando los oídos - y un domingo que no escocía al derramarse por mi piel. El tiempo en alta mar no sabe a Camberbert revenido, sabe a regaliz del bueno y hasta el alma es relativa en tu cama.
Mañana, lunes, la bolsa de Pu-Erh volverá a girar encima del agua hirviendo, y yo con ella, para marearnos juntas, para perder de vista la realidad, para encerrar la mar profunda dentro de mi taza de té.